• Octavio Arbelaez

¿Qué futuro ya ha comenzado para los festivales?



O texto a seguir traz as reflexões do Diretor do Festival de Teatro de Manizales (Colômbia), Octavio Arbelaez, durante o debate “O que acontecerá com o teatro e os festivais depois da pandemia?” realizado no Festival Via Dupla dia 3 de maio de 2021.


Muchísimas gracias y un saludo a Via Dupla que como proyecto surgió de Teatro Andante que sacan adelante esta pareja feliz, enamorada y creativa, Marcelo y Angela, todos los proyectos que se proponen. Por otra parte es un verdadero placer abrazar, así sea virtualmente, a mi querido amigo el admirado profesor Danilo Santos de Miranda con quién efectivamente hemos compartido tantos espacios y a quien mi cariño siempre lo acompañará. Y desde luego Alexandre, que es un viejo y queridísimo amigo, a Raquel Araujo y Gonzalo Amorín que me conmovieron en sus intervenciones porque sin ninguna duda está en el contexto de todo lo que estamos viviendo tanto desde la perspectiva de la reflexión seria y rigurosa, como desde lo vital, desde el dia a día de los directores de festivales, y los gestores culturales en general, esta ciudadanía culturalmente activa que intenta mostrarle al mundo que uno aun sigue ahi.


Pero no quiero dejar pasar las referencias que hizo el profesor Danilo porque precisamente creo que estamos en un momento muy complejo de nuestras vidas. Hay una especie de triángulo del mal, conformado por el señor Bukele en El Salvador, por el señor Bolsonaro en Brasil y por el señor Duque en Colombia. Es un momento muy complejo pero ya antes el mundo ya estaba en un momento que podríamos denominar de crisis civilizatoria, que significaba el levantamiento de la voz de mujeres y hombres de todo el mundo, de todas las diversidades sexuales, étnicas, políticas. Los jóvenes del mundo estaban reaccionando contra las injusticias de diferentes signos políticos, contra la predominancia de un discurso opresor frente a una vída que se estaba haciendo cada vez más compleja y más difícil para todos.


Es en este momento en el que aparece esta pandemia y esto es un poco lo que complejiza todas estas reacciones que hemos tenido que afrontar. El núcleo duro de hoy, de lo presente, son las relaciones entre vida y muerte que surge de la expansión de un virus que nos recuerda que somos naturaleza. La medicina pública ha intentado lograr lo que la religión no puede, cuando la amenaza de la muerte llega a estos niveles de masividad que hemos visto, configurando todos los sentimientos colectivos que pasan por la pureza del alma y la importancia de la sanidad del organismo y la comunidad humana y desde éstas a los equilibrios del cuerpo social y político. Pocas veces en el pasado la salud pública importó tanto, significó tanto y de una manera tan evidente. En los atavismos ancestrales aparecían figuras ligadas a la peste, se traducen en un presente en que están entre los principales riesgos que nos acompañarán durante años y lo será aún más cuando el temor pase y comenzará la disminución del contagio pasando a un estadio de la ira masiva provocada por lo ocurrido y sobre todo por este contexto social tan complejo.


Mi país Colombia, por ejemplo, vive en plena pandemia, en plena crisis pandémica, la estupidez de un gobierno que pretende imponer una reforma tributaria que castiga a los más pobres y que castiga a la clase media, como si esto hubiese pasado, como si el estado no tuviera las responsabilidades y formas de asumir la crisis. De esta manera estas iras y estas reacciones desde hace décadas nos han llevado a reaccionar, pero también nos han llevado a la tensión entre el tipo social que configuramos y los derechos sociales. Las medidas que realmente nos están mostrando hoy por hoy el contexto y la anchura ética y democrática en nuestros países, desde los extremos de un Bolsonaro que realmente ha ganado de lejos el premio a la estupidez en nuestro continente y probablemente en el universo entero, hasta estos manejos estrechos de mente de los demas mandatarios, porque esta situación sintetiza los graves riesgos para la salud pública y lo frágilmente preparados que estamos para lidiar con eficacia y solvencia lo público.


¿Por qué menciono todo esto? Porque es un contexto en que nos tenemos que mover como gestores de la cultura, miedo, cultura, inestabilidad política surgen como un vértice de gran calado en el ámbito de las emociones que clásicamente han sido subestimadas porque ellos trabajan desde la omisión de las políticas públicas. Entonces para nosotros esta crisis política que estamos viviendo en el marco del Siglo 21, donde la convivencia simbólica es tan vital como materialidad estructural de los hechos de estado y gobierno, hace con que nosotros pensemos que uno de nuestros papeles fundamentales desde la perspectiva de la construcción de un discurso cierto, en una dimensión política de los festivales, en una dimensión política de la cultura sea precisamente recuperar la credibilidad en la comunidad, en la democracia, el desarrollo, la dignidad de las personas, esto es decir el centro de cualquier agenda de derechos, pero sobre todo de derechos de la cultura.


Pero no puede ser remendando, cosiendo proyectos del pasado sino construyendo programas nuevos que realmente nos permitan construir nuevos valores, construir nuevos discursos, en que ya las consideraciones que han hecho sobre todo en estas reflexiones, nuestros colegas entiendan que los nuevos contextos nos van obligar a transformarnos desde la perspectiva creativa y que también hemos de pensar en los cambios globales. Que el otro lado de la pantalla no es simplemente el otro lado de la pantalla sino un mundo que se mueve y que siempre estará en movimiento. Pero al final la cultura, y sobre todo el teatro, tendrá que ser esa especie de claro en el bosque, esa especie de rayo iluminador, la llama de una vela.

Muchas gracias.


*Texto publicado com autorização do autor.


Foto: Octavio Arbelaez_crédito_Festival de Teatro de Manizales

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